Me acuerdo de cuando vine: los nervios, la maleta, la espera, no ver a Miguel en tantos días, la gente nueva, el inglés, los rascacielos, la escuela de Chicago... El primer día miraba absolutamente boquiabierta a cada detalle de mi alrededor. No era para menos. Me parece asombrosa la rapidez con la que nuestra mente y nuestro cuerpo se aconstumbran a un sitio nuevo. Ya no me parecen los edificios tan grandes ni yo me siento tan pequeña. Ya me he acostumbrado a esta ciudad: Chicago ya no será para mí algo inalcanzablemente sublime, pero yo siempre seré lo que sea (en parte) gracias a la ciudad del viento.
jueves, 28 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
Last weekend
0 comentariosEl día ha sido muy movido aquí: me he levantado encontrándome bastante mal porque me he resfriado un poco (los cambios de temperatura, las lluvias inesperadas, el aire acondicionado de todos lados en contraste con el calor...). Pero cuando he bajado estaban preparando un desayuno que te mueres: dos tostadas de pan rellenas con queso filadelfia y fresas, pasadas por la sartén rebozadas en huevo, y con sirope. Se me han quitado las penas en un momento. Después, Ashley y Sidney (las hijas de Pat), Jenny (la taiwanesa), Laetitia (la francesa) y yo nos hemos ido a otro estado: Wisconsin, a un Outlet más gtance que todos los centros comerciales de Zaragoza juntos. También ha habido centro comercial en Guarnee Mille, donde nos hemos reunido con la amiga de Ashley (la hija mayor), Shina, y su hermana Erika, y hemos seguido tirando de tarjeta. Shina nos ha invitado a cenar a casa de sus abuelos, una barbacoa en un jardón gigante. Eran dos abuelitos encantadores, y hemos hablado un montón sobre americanos, españoles, franceses... really nice.
Cuando hemos vuelto a casa hemos conocido a una compañera nueva, que viene en lugar de la española que solo aguantó un día antes de mudarse a la residencia. Es china y tiene 34 años, es muy rara, pero ya me estoy acostumbrado. Y nada va a estropear mi última semana aquí.
jueves, 21 de julio de 2011
Una espía en Chicago I
0 comentariosUna de las muchas negras que controlan el tráfico da con su pivote de plástico a un coche que se ha estacionado en la puerta de Union Station, impidiendo que el autobús llegue a su parada. El señor gordo que está sentado detrás de mí llama a su mujer para decirle que llegará a Round Lake a las 7 pi eim. Ya no tengo que preocuparme por saltarme la parada: con esperarle basta.
Lo que sí me preocupa es que Jenny haya cogido también el tren de las 5:50 y esté en el mismo vagón. Pero entonces un señor trajeado se sienta a mi lado, camuflándome detrás de las grandes páginas de su Chicago Tribune, abierto por las páginas de Chicagoland.
Ayer hubo problemas con la electricidad de los trenes y estuvimos durante mucho rato sin aire acondicionado. Es terrible el calor que está haciendo estos días, aunque el contraste entre los sitios cerrados (donde el aire acondicionado es más importante que la luz) y la calle nos dejará a más de uno el resfriado como recuerdo de Chicago.
Martes con los impresionistas
0 comentariosAquí nadie se queda quieto. El lunes, Y y yo fuimos al Chicago's History Museum y lo aprendimos todo sobre esta ciudad que nos tiene encandiladas a las dos. Por la tarde, la chica española que había llegado el domingo decidió que se mudaba a la residencia y la acompañé a casa no muy tarde para que recogiese sus cosas. Aunque repetí a Jenny varias veces lo cansada que estaba, a ella le importaba ocho pimientos y decidió montar una fiesta de pijamas: ella ponía la bebida. Me engañó y me dijo que era una bebida coreana muy parecida a la cerveza, pero cuando lo probé creí que aquello tenía más grados que el vodka ruso. En algún momento de la noche me dejó dormir.
El martes se empeñó en ir andando a donde habíamos quedado con Yolanda, y llegamos tarde, claro, en una ciudad tan grande el metro está para algo. Inconvenientes afuera, fuimos al Art Institute de Chicago, a flotar en las nubes un poco. Primera sorpresa, de repente: Matisse. Bueno, teniendo en cuenta que era una exposición itinerante sobre el arte contemporáneo tenía su lógica. Pero por poco alcanzo el éxtasis cunado entramos en el salón de los impresionistas.
El martes se empeñó en ir andando a donde habíamos quedado con Yolanda, y llegamos tarde, claro, en una ciudad tan grande el metro está para algo. Inconvenientes afuera, fuimos al Art Institute de Chicago, a flotar en las nubes un poco. Primera sorpresa, de repente: Matisse. Bueno, teniendo en cuenta que era una exposición itinerante sobre el arte contemporáneo tenía su lógica. Pero por poco alcanzo el éxtasis cunado entramos en el salón de los impresionistas.
El primero fue, no podía ser de otro modo, mi querido Cézanne con su Madame. Oh my godness. Le siguió Monet, Toulouse, Gauguin, Van Gogh, Seurat... Me detuve mucho rato pensando en las pinceladas cargadas de furia que dejaba Van Gogh en su Habitación, o Autorretrato, y pensé que en esos momentos yo sería capaz de hacer algo semejante. Solo faltó mi favorita: La noche estrellada. Los Nenúfares de Monet, las Tahitianas de Gauguin... Podría estar hablando de ello durante horas porque jamás he visto tanta belleza junta. Salí, efectivamente, flotando en las nubes, y fuimos a comer a uno de los restaurantes más antiguos de Chicago, con unas vidrieras muy monas, pero ya nunca nada tendría parangón con lo que acababa de ver.
El resto no es de ningún interés hasta este mismo momento, las 10:09 en Chicago, después de haber cenado una rica tortilla de patata. Me voy corriendo a la cama antes de que llegue Jenny con muchas ganas de hablar del musical. Mañana iremos a Chinatown, ¡como si tuviera poco con una china!
El resto no es de ningún interés hasta este mismo momento, las 10:09 en Chicago, después de haber cenado una rica tortilla de patata. Me voy corriendo a la cama antes de que llegue Jenny con muchas ganas de hablar del musical. Mañana iremos a Chinatown, ¡como si tuviera poco con una china!
Pesadilla en Chicago
0 comentariosChicago, 9:37 de la noche, hora local. Una joven española está sentada frente a su ordenador en alguna parte del mundo muy opuesta a la que le pertenece. Es un lujo poder disfrutar de la tranquilidad, algún rato. Desde que llegó Jenny, mi compañera de cuarto taiwanesa, aquí no ha habido un solo día de paz. A parte de que me despierta por la noche porque no tiene sueño y le apetece hablar, si no es que ha quedado para chatear con alguien a las 3 de la madrugada. Aunque se me pega como una lapa todo el día y no deja de repetir "we will go together!", es desagradable cuando habla porque hace ruidos y come con la boca abierta, si no es que habla al mismo tiempo. Pocas veces había tenido la sensación de no poder soportar en absoluto a una persona, pero en Chicago tenía que vivirlo, y encima las 24 horas. Afortunadamente esta noche se ha ido a ver el musical de West Side Story y volverá cuando yo esté dormida, aunque sé que no tendrá inconveniente en despertarme.
domingo, 17 de julio de 2011
AWESOME
0 comentariosEsta ciudad no deja de sorprenderme. Cuando crees que ya has visto lo más espectacular, surge algo superior. Un fin de semana redondo, al que solo pongo una pega: las protuberancias que me están saliendo en los pies. Y les he dicho muy seriamente: "Aunque os pongáis en mi contra, no voy a dejar de andar, así que vosotros elegís si con dolor o sin dolor. Ellos eligen con dolor. Pero a pesar de ello, ya se está formando una capa de piel dura como a los aborígenes australianos y espero que la semana se desarrolle satisfactoriamente.
Pies aparte, menuda pasada el musical de La Bella y la Bestia, una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. Ello, unido a un emplazamiento privilegiado en el Oriental Theatre, me han dejado extasiada. Antes de ir al musical, Y y yo hemos estado desayunando en la típica cafetería de huevos revueltos, y ya nos hemos quedado comidas para todo el día. También hemos estado en un rastrillo de los domingos, pero eso prefiero no recordarlo porque he estado a punto de derretirme, parecía que nos habíamos trasladado al desierto, de repente. Y antes incluso, ayer por la tarde-noche pudimos disfrutar de un típico festival de música y artes, con un Funnel Cake para poner el broche de oro.
Cuando he llegado a casa tenía roommates nuevas: Laetitia, de Toulouse, y Bea, de Madrid. Además, de Jenny (no se escribe así porque es taiwanesa, pero aquí se americaniza rápidamente), que está conmigo desde el viernes. Están pensando en mudarse a la residencia por lo lejos que estamos de la civilización, pero yo ya le he cogido el gustillo a esta casa y a este pueblo, incluso al tren de cercanías. Cada vez que Pat nos pilla a Bea y a mí hablando en español nos echa la bronca, así que el destino querrá que aprenda inglés. Es broma, estoy aprendiendo un montón cada día que pasa.
Mañana empezamos ya la segunda semana en Chicago, a ver si la exprimo tanto como la anterior porque estaré en España en un vuelo (no hace mucha gracia, ¿no?).
viernes, 15 de julio de 2011
Y el tercer día se hizo la luz
0 comentariosCuando llegué ayer a casa, después de caminar, a tientas, desde la estación sin perderme, por fin teníamos luz. Pat estaba cocinando todo lo que se le había ido descongelando, para que no se echara a perder, y ahora hay varios kilos de brocoli y pollo en la nevera. Estar en esta casa, después de todo, me reconforta. Hoy he llegado a casa absolutamente cansada y dolorida, pero aquí me siento mejor.
Hoy he podido comprobar que los taxidermistas del Museo de Historia Natural de Chicago hacen su trabajo bastante bien, aunque es raro ver a tantos animales disecados como había en el arca de Noé. Una mañana intensa después de un madrugón con todas las letras, porque hoy tenía clase muy pronto. Pero se recuperan y que nos quiten lo bailao: como no nos daba tiempo a dar el paseo en barco por el Río Chicago, hemos cogido la blue line de metro, y nos hemos plantado en medio de la nada, dispuestas a encontrar algo. No os preocupéis, teníamos objetivo y mapa, y dando varias vueltas que casi desesperan a nuestra acompañante, hemos llegado a Greektown. Encantador, me quedo con las ganas de volver a uno de esos pequeños restaurantes con banderas azules y blancas; aunque no son para menos los que estaban por ver en Little Italy.
Chicago alberga muchas sorpresas, y solo me quedan algo más de dos semanas para descubrirlas. No me voy a quedar quieta. Se aproxima un fin de semana intenso, también. Seguiremos informando desde la corresponsalía en Chicago.
martes, 12 de julio de 2011
¡Que no pare la fiesta!
0 comentariosCada día aprendo alrededor de ochenta cosas nuevas en Chicago. Es maravillosa. Me pierdo, me encuentro, me vuelvo a perder. Hoy me tienen que venir a buscar a Grayslake, el pueblo de al lado, porque el siguiente tren que iba a Round Lake llegaba tardísimo. Aquí tardísimo son las siete y media, hora de cenar.
Ayer llegué casi a las nueve porque hubo retrasos durante todo el día por la tormenta de la mañana. Casi vuelvo locas a Pat, Ashley y Sidney porque el móvil que me han dejado apenas suena y no les cogí ninguna de sus cientos de llamadas. Pero ellas también me vuelven loca a mí porque una consecuencia de la lluvia es que se va la luz de las casas de los pueblos. De modo que ahí estaba yo, cenando pollo y patatas asados en la barbacoa, cuando me dice Pat que se lleva a las chicas a dormir a casa de una amiga porque si no no podían ver la tele.
Estaba sola, con un perro gigante, aunque Buzz (de Buzz Lightyear) tenía el mismo miedo que yo; en una casa prefabricada en medio de la nada. Cené corriendo y me subí al cuarto a leer con una linterna, hasta que el calor me dejó dormir. Aún no sé si hoy habremos recuperado la luz, depende de cuándo publique este post.
Hoy he tenido mi primera clase de inglés: ha sido muy entretenida pero como con Peter en ningún lado. Aunque han sido dos horas, han pasado muy rápido porque eran al mediodía, y ya habíamos estado patenado la ciudad.
Pateando literalmente: tras visitar el Contemporary Art Museum, hemos subido a la Water Tower, el único edificio que sobrevivió al incendio de Chicago. Desde ahí arriba, los rascacielos parecían insignificantes.
CHICAGO IS REALLY AWESOME
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