jueves, 21 de julio de 2011

Una espía en Chicago I

Una de las muchas negras que controlan el tráfico da con su pivote de plástico a un coche que se ha estacionado en la puerta de Union Station, impidiendo que el autobús llegue a su parada. El señor gordo que está sentado detrás de mí llama a su mujer para decirle que llegará a Round Lake a las 7 pi eim. Ya no tengo que preocuparme por saltarme la parada: con esperarle basta.

Lo que sí me preocupa es que Jenny haya cogido también el tren de las 5:50 y esté en el mismo vagón. Pero entonces un señor trajeado se sienta a mi lado, camuflándome detrás de las grandes páginas de su Chicago Tribune, abierto por las páginas de Chicagoland.

Ayer hubo problemas con la electricidad de los trenes y estuvimos durante mucho rato sin aire acondicionado. Es terrible el calor que está haciendo estos días, aunque el contraste entre los sitios cerrados (donde el aire acondicionado es más importante que la luz) y la calle nos dejará a más de uno el resfriado como recuerdo de Chicago. 


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