jueves, 27 de octubre de 2011

Llueve

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A él le encantaba la lluvia. Ella decaía cada vez que caían cuatro gotas. Pero cuando su vida se volvió un frenesí de actividades, tuvo que cambiar muchas de las cosas que antes le gustaban o le disgustaban. Cambiar. Madurar. Siempre había pensado que no le gustaban los cambios, pero estaba en el mejor momento de una evolución (¿o revolución?). 
Antes, la lluvia siempre le traía la inspiración. Inspiración, ¿por qué le abandonaste? A lo mejor era otro cambio. Lo que empezó siendo pasión literaria se convirtió en pasión por la realidad, por lo que pasa día a día en su ciudad, en su país, en el mundo. Con sus temas favoritos y menos favoritos, pero... distinto. 
Seguro que cualquier día vuelve, seguro que en el fondo no ha dejado de ser una romántica. Pero por ahora no tenía tiempo de pensar en pajaricos preñaos. La cruda realidad (aunque a ella le atrajeran los aspectos menos crudos de la realidad) era la que mandaba.

lunes, 24 de octubre de 2011

Arte y ciencia

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¿Que arte y ciencia están reñidos?¿Te encanta el arte pero la ciencia te parece aburridísima? A lo mejor es momento de cambiar ese pensamiento, y te lo dice alguien que siempre ha pensado que cuanto más lejos de la ciencia, mejor. 

En Arte y ciencia,  la exposición que estará en Paraninfo hasta el 17 de noviembre nos demuestran que de la ciencia puede surgir arte. Un grupo de científicos y artistas se unen para explicarnos cuál es la relación entre ambas disciplinas.

Composiciones musicales surgidas a partir de la composición de las moléculas del genoma humano; fotografias de cristales líquidos que perfectamente podrían ser obras de pop-art; una escultura que nace de la geometría propia de la estructuras matemáticas... Pero lo que más llama la atención de los espectadores es una instalación interactiva en la que cada uno puede componer su propio cuadro, solo con sus movimientos, situándose sobre alfombras de diferentes colores. El resultado es un original cuadro abstracto que nosotros mismos hemos creado.

Arte y ciencia nunca habían estado tan unidos, gracias a las nuevas tecnologías. El conocimiento es lo más grande que podemos tener los humanos, no lo despreciemos. Tanto el arte como la ciencia componen cada aspecto de nuestra vida, por eso no es raro que encontremos inspiración tanto en un lado como en otro.

Sonreír es una forma económica de mejorar tu aspecto

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Cuando lloraba se le hinchaba la cara y se encontraba mal. Pedía que alguien le tocara la frente porque se le ponía un dolor de cabeza insoportable. Encima era una llorona. Pero un día decidió que no podía verse con la cara hinchada ante el espejo tantas veces. Era como ver a un monstruo al que no reconocía porque su filosofía -siempre había pensado- era la de sonreír. Por eso además de sonreír tuvo que tomar algunas decisiones. Era perfectamente consciente de qué era lo que le impedía estar entera, así que lo cambió, lo evitó e hizo como que no existía. Desde ese momento las sonrisas gratuitas cobraron mucho más sentido porque lo que la atacaba ya no estaba. Ni rastro. Era el momento de sonreír de verdad, sintiéndolo tan profundamente como sentía aquél dolor. ¡Y lo que le enorgullecía que alguien le dijera de vez en cuando que daba gusto verla sonreír siempre! 

Vuelvo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

No habrá paz para los malvados

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Como dijo el director ayer, en la primera sesión del ciclo de cine "La buena estrella" -organizado por la Universidad de Zaragoza- con semejante título ("No habrá paz para los malvados") sacado de la biblia, hay que ir al grano, sin tonterías. No la he visto aún, pero ayer Enrique Urbizu y Helena Miquel me dejaron con las ganas, y queda con el recuadro sin marcar de las tareas obligadas, pese a que por más veces que veo el tráiler, no le encuentro la gracia. Qué contradicciones.


De ayer aprendí muchas cosas. La conclusión que tengo a priori es que hice el ridículo. Pero eso solo lo sé yo, porque pese a todo me supe defender. Mis expectativas eran colarme en la rueda de prensa, grabar lo que los periodistas (un gran número, esperaba yo) preguntaran, y si me quedaba alguna duda después de todo, hacer preguntas yo. 

Cuando llegué me enteré de algunas cosas "confidenciales" sobre la película que la representante hablaba con alguien, y de que Juanjo Artero no había acudido porque había perdido el tren tras el rodaje de El Barco. Era él mi motivo principal, pero ahí me quedé esperando hasta que el alegre Luis me dijo que me sentara en unas sillas a dos palmos de los que iban a ser entrevistados. Solo había 3 sillas, por lo que a parte de mí, solo había dos periodistas. Estos periodistas venían más a copiar lo que dijeran Enrique Urbizu y Helena Miquel que a hacerles preguntas. Que no tuviera yo preguntas preparadas vale, porque no pensaba hacérselas, pero ellos sí. El momento me produjo una gran decepción al ver que el periodismo cultural en Aragón está de capa caída. 

Salí del paso de la entrevista y pregunté lo que pude. Nota para el futuro: última vez que no ves una película si te encuentras con sus creadores. Nunca sabes lo que puede pasar. Menos mal que me había documentado más o menos bien. Pero la sensación que me queda es que quiero aprender mucho más, que viendo mi primera experiencia como informadora del mundo de la cultura soy un cero a la izquierda; pero lo bueno es que no hay mucha competencia y me quedan tres, incluso cuatro o más años para formarme. Y por último, que equivocándome como hice ayer, sé que no me volverá a pasar. Por otro lado, un gustazo que me trataran como a una profesional.

lunes, 12 de septiembre de 2011

The best souvenir from Chicago

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Días de vértigo

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No encontraré droga más sana que la valeriana, dije el otro día. Alguien me dijo una vez que la valeriana era mala para la salud si se abusaba de ella porque creaba cierta adicción. Yo abuso de ella porque con la cantidad de cosas malas para la salud que hay por todos lados, no creo que encuentre una mejor.

Una de sus propiedades es que aniquila el estrés, pero en menuda contradicción caigo si digo que a mí me gusta el estrés. Me gusta la valeriana para quedarme tranquila pero me encanta la excitación del café, que te hace tener ganas de todo. Me gusta la sensación de ir como una moto y de querer reírme por todo, incluso porque ela balanza de pagos de Portugal reafirma su posición deudora frente al resto del mundo, que es un drama... 

La valeriana trae un caballito de mar-serpiente hasta mi cuarto. Serpentinea-galopa por todas partes y deja un ambiente adormecedor perfecto para meterme en mi cama nueva, con esas sábanas nuevas tan suaves de círculos rosas, y soñar con un mundo perfecto hasta que a las 6:00 suene esa canción de Los Madison que tengo de despertador: "Mañana te recojo en la estación. Mañana dejaremos el calor de esta avenida. Mañana cambiaremos el sonido del despertador. DÍAS DE VÉRTIGO". Y café nuevamente.

martes, 6 de septiembre de 2011

Tapones

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No oigo nada. Qué paz. Con los tapones puestos solo soy capaz de escuchar mi respiración y mis latidos. Pero esa soledad, aparentemente tan pacificadora es tormentosa: me recuerda que no es aquí donde quiero estar. Las hileras verdes ya empiezan a darme náuseas. ¿Serán las chocobolas? Siempre me como dos de postre: una blanca y otra negra. Me entran ganas de llorar porque el café está perdiendo efecto y me da el bajón. Es todo un ciclo de rituales que hacen que estudiar  parezca cancerígeno. Es el peor momento para pensar, para extrañar. Porque no puedes correr a darle un abrazo o llamarle para tomar algo: te tienes que quedar aquí, quieta; en esta silla, frente a las mareantes hileras verdes. Todo el día. Solo un niño de 11 años (casi 12) me saca una sonrisa unas horas después. Y volver a casa. Y hablar. Para que alguien diga que se me da bien estudiar.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Volvamos a empezar

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Sería lo mejor.  A lo mejor no es tan difícil si estuvesen dispuestos a perdonar, a darse cuenta de que yo no tengo nada que ver con todo lo que rechazan. Son diferentes historias, y habrán podido comprobar que yo no guardo ningún tipo de resquemor. Mi tía ha dicho que se emociona por reunirnos todos, yo lo haría si no supiese que hay quien me mira mal, o raro, o quien me mira con el objeto de tener algo que criticar. A mí también me gustaría, por supuesto, tener esa sensación. Pero no puedo tener la paz de quien se siente en el seno de un grupo porque historias del pasado me hacen sentir al margen. Hasta que comprueban que no estoy tan al margen, que me involucro, que me importan y que me lo curro.